Nuestros intentos terrenales de traer amor a nuestras vidas dejan bastante que desear.

Hablamos de nuestra necesidad de amar en los mismos términos y con la misma actitud con la que hablamos de necesidades como comer, dormir, o respirar. Y aun cuando lo hacemos con la intención de jerarquizar nuestra vida afectiva, equiparandola a las necesidades básicas, el resultado no es nada halagador.

Cuando consideramos el amor como una función más del cuerpo no nos damos cuenta de que otra vez estamos reduciendo su concepto a una cuestión fisicoquímica, olvidando que el agua o la comida son elementos materialmente imprescindibles para sostener el cuerpo físico, pero el amor, al menos este amor que describo, pretende ser el nutriente más esencial diseñado también para sostener al alma.

Si el amor fuera sustancia, no podría ocupar el corazón de los hombres más que hasta llenar su capacidad , o con un sentimiento único y excluyente y sabemos que no es así.

Que no dejamos de amar a nuestros viejos amigos cuando otro amigo nuevo aparece en nuestra vida, que no abandonamos a un hijo porque acabamos de tener otro, que podemos amarnos saludable y grandiosamente a nosotros mismos y amar en la misma magnitud, o casi, a otro ser humano.

Los que se enfrentan al amor como si fuera algo material sostenible, terminan mezclando y confundiendo el amor hasta sustituirlo primero con el sexo y luego con las más que terrenales aspiraciones narcisistas de ser adulados, buscados, deseados o elegidos.

El amor del que aquí intento hablar supera esas vanidades, al igual que traspasa las barreras del tiempo y del espacio, conjugando y sumando al mejor amor propio el mejor amor a los demás.

Por esa razón, la urgente necesidad que expresamos cuando decimos que estamos carentes de amor y que no podemos vivir sin alguien que nos ame, es solamente una verdad a medias ( la carencia existe, pero la necesidad verdadera es la de aprender primero a bien amarnos a nosotros mismos, es decir, conectar a gusto con nuestra propia esencia)

Cobijado y satisfecho con mi relación amorosa con todas mis partes, puedo superar el temor de que alguien a mi lado deje de amarme o se aleje, puedo renunciar con facilidad a mis más egoístas y controladoras intenciones posesivas, ya que mi relación con los demás no se enfoca en lo que puedo obtener de ellos sino en lo que tengo para dar.

El camino de la espiritualidad
Jorge Bucay