Erase una vez un cuartel militar situado en un pueblecito. En medio del patio había un banco de madera. Era un banco blanco ,sencillo y humilde.
Junto a ese banco, las veinticuatro horas del día los soldados se alternaban en una guardia constante, tanto nocturna como diurna. Nadie sabía porque, pero la guardia se hacía de noche y de día. Durante todas las noches, todos los días, generación tras generación, todos los oficiales trasmitian la orden y los soldados obedecian.
 
Nadie dudo nunca, nadie preguntó nunca. La tradición es algo sagrado que no se cuestiona ni se ataca: se acata.
Si siempre se había hecho así, por algo sería.
Y así fue hasta que un día alguien, quiza un general o un coronel curioso quiso ver la orden original. Revolvieron a fondo los archivos y despues de mucho buscar, se encontró: ¡Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días que un oficial había mandado montar guardia junto al banco, que estaba recien pintado para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca!!
 
Regalame más cuentos con salud
José Carlos Bermejo
 
 
¿Es posible que yo, la gente de mi entorno hagamos cosas así porque "siempre se ha hecho asi" ….. ?
Puedo pensar que la tradición tiene un valor: si, un valor, pero no todo…