Cuando perdi mi hemisferio izquierdo y sus centros de lenguaje, perdi también el reloj que dividía mis momentos en breves instantes consecutivos. En lugar de tener mis momentos previamente anunciados, quedaron abiertos por los extremos y yo no tenía prisa por hacer nada.
Como si caminara por la playa, o simplemente me recreara en el esplendor de la naturaleza, pase de la conciencia del hacer, propia de mis hemisferio izquierdo a la conciencia del ser de mi hemisferio derecho.
Deje de sentirme pequeña y aislada para sentirme grande y expansiva.
Deje de pensar en lenguaje y pase a formarme nuevas imagenes de lo que estaba pasando en el momento presente.
ya no era capaz de deliberar acerca de ideas relacionadas con el pasado o el fúturo, porque aquellas células estaban incapacitadas. lo único que podía percibir era el aquí y el ahora y era hermoso.
 
Toda mi concepción del yo cambio, porque ya no me percibía a mi misma como un individuo , un sólido, una entidad con contornos que me separaba de las entidades que me rodeaban. Comprendí que en lo más elemental soy un fluido.
¡¡Pues claro que soy un fluido !! Todo lo que nos rodea, lo que somos, lo que hay entre nosotros y dentro de nosotros está formado or átomos y moléculas que vibran en el espacio.
 
Aunque el centro del ego de nuestro centro de lenguaje prefiere definir nuestro yo como individual y sólido, la mayoria de nosotros es consciente de que estamos formados por billones y billones de células, litros de agua y de que en último término, todo lo que somos existe en un estado de actividad constante y dinámico.
Mi hemisferio izquierdo había estado entrenado para percibirme como un sólido separado de los demás. Ahora liberado de aquellos circuitos , mi hemisferio derecho saboreaba su unión con el flujo eterno. Ya no estaba aislada y sola. Mi alma era tan grande como el Universo y se regocijaba alegremente en un mar sin límites.
 
Un ataque de lucidez
Jill B. Taylor