Cuánto ha sido escrito sobre la felicidad, durante siglos resumida como ese absoluto último por todos los filosofos.
Han sido años y años de colocarla en el infinito, en el otro o lo otro, como un objeto al que debemos aspirar y por el que debemos sacrificar algo.
Tal vez por esta razón la felicidad nos quedaba lejana; se reía, escurridiza, escondiendose detrás de ese otro concepto, el destino, que tanto nos ha atado las manos.
 
Pero las cosas , por fortuna, están cambiando.
Ser feliz, más que un agarrar, se está empezando a identificar con un soltar. Libertad, además, subjetiva, que nace de uno mismo y se identifica con uno mismo:
Mi felicidad puede no ser tu felicidad.
 
Por fin en esta vida, feliz se traduce en persona y personal, en vivencia y no objetivo, en alternancia y no eternidad. Lo que nos hace felices es saber que la felicidad va y viene.  Infelices nos acaba haciendo la rutina y la monotonía
 
Con todo, confusos por el concepto milenario de la busqueda de la felicidad, cegados por las fotos de las revistan que asocian bienestar ecnómico con glamour y felicidad, centramos nuestras vidas en la liquidez, en la compra, en la posesión…. Y la felicidad no asoma por ninguna parte. ¿Por qué será?
 
Dice el cuento que….. ( aqui aprovecho el mismo cuento que hoy mismo ha puesto una amiga de space)
 
 
Ha llegado el momento de aceptar , todos y cada uno de nosotros, que el gran oasis de nuestra vida desertica o no, segun las circunstancias, siempre viaja con nosotros.
La cuestión es que demasiadas veces nos alejamos de él debido a nuestra prodigiosa capacidad de angustiarnos con los problemas que aun no tenemos. Perdemos la conexión con el aquí y ahora, con la realidad objetiva.
 
Te deseo lo mejor, que no tiene porque ser lo bueno.
 
Alex Rovira
La buena crisis