Los avances cientificos y tecnológicos nos han llevado a creer que vivimos en un entorno de certidumbres , pero nunca ha sido así y nunca será asi .
Más real es que una persona cambia porque lo necesita y la calidad y la rapidez del cambio dependerán de dejar de resistirse a él lo antes posible.
Cuanto mayor resistencia ofrecemos ( pese a que en lo más hondo ansiamos un viraje), más complicado resulta el cambio; cuanto más fuerte es la necesidad, antes se supera el cambio. Este cambio circula desde fuera hacía el interior: la presión de las circunstancias nos empuja y remueve nuestros cimientos, pero seguimos siendo las mismas personas. Es decir , con resistencia cambiamos pero no nos transformamos.
De ahí que no podamos cambiar a nadie, porque no tenemos el poder de la trasformación del prójimo si éste no se emplea y supera sus propias rigideces y sombras mirandolas a los ojos y a pecho descubierto.
 
Por otro lado, cuando somos nosotros los que nos transformamos, nuestro entorno puede continuar igual o incluso sufrir para adaptarse a nosotros porque no ha experimentado una transformación similar. Sin duda lo que negamos nos somete, pero lo que aceptamos nos trasforma.
 
La buena crisis
Alex Rovira