Vemos que, a pesar de la gran libertad que como individuos, seres humanos y como colectividad hemos conseguido, aun así la experiencia de miedo y dolor parece que se ha incrementado, porque no hemos sabido utilizar la libertad para fortalecernos emocional, mental y espiritualmente.
Por miedo a experimentar más dolor, encerramos nuestro corazón y nos quedamos bloqueados.
 
Si no quiero nada de nadie, no tendre miedo. Si los demás comparten conmigo, bien, y si no también. Esa avaricia de querer atención, querer respeto, querer amor, nos deja en un estado de vacio permanente. Ningun ser humano puede satisfacer nuestras carencias más profundas. Podran ayudarnos en algunas situaciones pero, en el fondo la realidad es que estamos solos.
 
No tengo miedo a la soledad, porque mi soledad es muy creativa, en la que hay una comunicación con Dios y la humanidad. Una soledad en la que puedo conocerme a mi mism@, meditar, estudiar, pintar, escribir, es decir, en la que puedo crear a muchos niveles positivos.
 
Cuando creas ese estado de amor por ti mismo y por los demás, no tienes miedo a estar con mucha gente ni a estar solo. El que es capaz de estar solo es capaz de estar con muchas personas, porque al estar bien consigo mismo, esta bien con quien sea.
En cambio, si sólo puedes estar con tres personas o tres tipos de personalidades, porque con los demás no te entiendes o te enfadan o te irritan, estas en un estado de dependencia que te lleva al miedo a perder a esas personas con las que estas bien o miedo a que cambie la situación y generas una energía controladora para impedir los cambios.
 
Atreverse a vivir
Miriam Subirana