De los monstruos del mundo es comportamiento típico la actitud sesgada, la de enjuiciar difamando, la de destruir la reputaciónde alguien hablando mal y en ausencia del difamado o criticado.
 Por regla general la gente proyecta en otros sus maldades, defectos, carencias, ausencias y sin sabores. Me explico: somos ( metafóricamente hablando) como espejos los unos para los otros, y todo aquello que vemos en otros es reflejo nuestro, es decir, que lo que vemos en el espejo del otro, no suele ser del otro, sino nuestro.
 
¿Como saber cuándo es nuestro o del otro? Atiende a tus instintos: si lo que ves te pone de los pelos, ten por seguro que es reflejo de algo tuyo ( una proyección).
Si por el contrario, no te inmutas, sea lo que sea lo que no te gusta en él/ella, seguro que es suyo.
 
 
 
 
 
 
 
 
Las personas tenemos matices, no defectos y virtudes
 
Los diversos aspectos de la personalidad de cada uno de nosotros son percibidos como defectos o virtudes dependiendo de la persona que se relaciona con nosotros.
 
La gente tolerante y respetuosa no se enredara en discusiones o peleas varias con nuestros matices, los respetara y punto
 
Los adultos emocionales, esos que se han " hecho mayores" respetan que cada uno sea como le dé la gana de ser, por lo que asumen que cada persona tiene un montón de matices y que nunca nadie será ciento por ciento a nuestro gusto.
Pero dado que la madurez emocional con lleva la aceptación incondicional de uno mismo es lo que extrapolamos a los demás.
 
Por regla general, las personas que tachan a otras de egoístas o de prepotentes suelen tener un serio problema de inmadurez emocional, es decir achacan a otros el reflejo indirecto de su personalidad.
 
Cuando alguien quiere conseguir algo de alguien por narices, o sea, porque le da la gana, suele usar la manipulación afectiva. Ello es debido a que la compasión y la empatía no han echado raices en su psique.
Lo más probable es que acuse al otro de duro, egoísta, prepotente, insensible….cada vez que no consiga lo que pretendía de esa persona.
A diferencia de alguien maduro, emocionalmente hablando, que cuando no logra de otro lo que desea ( apoyo, colaboración, entendimiento, amor o lo que sea ) simplemente da media vuelta y se larga sin más alharacas ni insultos.
 
 
Una persona con buena estima o sano sentido de sí misma ni desprecia ni insulta, ni se burla de otro semejante puesto que no necesita rebajarle para quedar por encima. Solo  inmaduros necesitan igualar a la baja para sentirse en igualdad de condiciones, es decir, tienen que rebajar al adversario porque se saben incapaces de elevarse a la altura del otro.
 
Pideme la luna
Rosetta Forner