Siempre digo lo mismo: me da tanto placer complacer a las personas que quiero, que siendo tan egoísta….no me quiero privar…Llamo a esto el egoísmo solidario.
 
No quiero privarme de alegrar la vida, aligerar el camino o llenar sonrisas la cara de mis amigos. Pero no lo hago por ellos, lo hago por mí.
 
Y es una gran diferencia.
 
Si yo hiciera cosas por ti, no podría seguir sosteniendo el valor de la autodependencia. Mi actitud no dependería de mí, sino de lo que tu necesitas de mí. Y entonces….quizá….poco a poco….sin darme cuenta, me iría volviendo dependiente.
 
Esta dependencia empieza cuando dejo de hacer algo porque creo que no te gustaría que lo haga, o hago cosas porque sé que es eso lo que esperas de mí.
Si mehe vuelto dependiente en mi afan de complacerte, habrá cada vez más permisos que no me podre conceder. Y no parece que ese amor conduzca a nadie a un buen lugar.
 
El amor por los otros se genera y se nutre. Más aún, empieza por el amor a uno mismo. Porque el amor tiene mucho que ver con la posibilidad de verse en el otro.
Cuanto más disfruto de mi propia vida, cuanto más placer soy capaz de sentir, más entrenada está mi capacidad de amarme y a la vez mi capacidad de amar a otros.
 
Las tres preguntas
Jorge Bucay