El orden equilibrado produce armonía social y en este sentido es análogo a la armonía musical. Para que distintas voces se combinen armónicamente, o para que distintas teclas de un teclado produzcan un acorde armónico, también deben contemplar un orden equilibrado.
 
El equilibrio igualitario de las notas que forman un acorde radica en la uniformidad de su tonalidad, en su sincronización en el tiempo, en su igualdad de volumen, de duración, de decadencia. Y, no obstante, es el ordenamiento no igualitario de las notas, es decir, la distinta frecuencia de cada una y como suenan al tocarse juntas, lo que produce la armonía propiamente dicha.
 
Si todas las notas fueran del mismo timbre, no podría haber ninguna armonía en absoluto. Aun así, su ordenamiento no puede ser arbitrario, ni fortuito, ni estar basado en proporciones defectuosas; o el resultado sería, sin duda la disonancia.
Los intervalos entre las notas son de suprema importancia en la producción de armonía. Estos intervalos están determinados por razones geométricas fijadas por la naturaleza y no estan sujetos al vacilante capricho humano.
 
 
El ABC de la felicidad
Lou Marinoff