El mundo amigo Govinda, no es imperfecto ni se encuentra en vias de un lento perfeccionamiento. No, es ya perfecto en cada instante: cada pecado lleva en si la gracia, en cada niño alienta ya el anciano, todo recien nacido contiene en si la muerte, todo moribundo, la vida eterna. Ningún hombre es capaz de ver hasta que punto del camino ha avanzado su prójimo; en el ladrón y en el jugador de dados aguarda buda, en el brahamán puede ocultarse un bandido. La meditación profunda afrece la posibilidad de abolir el tiempo, de ver simultaneamente toda la vida pasada, presente y venidera y entonces todo es bueno, todo es perfecto, todo es Brahma. Por ello me parece bueno todo lo que existe: la vida no menos que la muerte, el pecado tanto como la santidad, la inteligencia no menos que la estupidez. Todo ha de ser así, todo no pide sino mi aprobación, mi buena voluntad, mi comprensión amorosa; y en ese caso es bueno para mí, sólo podrá estimularme, nunca podrá hacerme daño.
He experimentado en cuerpo y alma que me hacían falta el pecado, la concupiscencia, el afan de lucro, la vanidad y la más ignominosa de las vanidades para aprender a vencer mi resistencia, para aprender a amar al mundo y a no compararlo más con algún mundo deseado e imaginado por mí con algún arqueotipo de perfección inventado por mi cerebro, sino dejarlo tal como es y amarlo e integrarme a él con gusto.
Estas , oh Govinda, son algunas de las ideas que han acudido  a mi espíritu.
 
Siddhartha
Hermann Hesse